La antigua ceremonia del pan y del vino

Autor: Francisco Bascuñán Letelier | Fecha: 2014-02-05 | ID: 69 | Categoría: Espíritu | Tema: Reflexiones | Tipo: Pensamientos

Desde los más remotos tiempos de la historia del hombre, existe la ceremonia del Pan y del Vino.

Es una ceremonia profundamente mística en donde, tanto lo material como lo espiritual, se pone en contacto con su semejante divino. A través de la fe, lo material representado por el ‘pan’ y lo espiritual representado por el ‘vino’, se transmutan en cuerpo y espíritu divino.

La pregunta es: ¿Hasta qué punto, de todo lo material que existe y de todas las emociones que existen, se pueden transmutar en pan y vino divinos?

Pienso que la creación, como externalización de Dios, tiene un sentido fundamental, sino único, y es precisamente su glorificación; la glorificación de Dios, que consiste en volver a internalizar la creación en Dios, su hacedor. Se puede pensar que es el acto de máximo amor concebido, toda vez que Dios se externaliza en una creación, no requerida, para transformarla y compartirla en su propio ser interno.

En el mismo sentido, pienso que la capacidad de ‘admirar’ que tienen algunos seres, tal vez todos, pero muy especialmente el ser humano, hace transmutar lo admirado en algo que, por ese preciso hecho, alcanza dimensión divina. Si a este pensamiento le agregamos una adecuada dosis de ‘fe’, lo que estamos haciendo es ‘consagrando lo creado en divino’ y de este modo cumpliendo con el sino de la “Gloria de Dios”.

Todo lo que admiramos, tanto las cosas materiales como las emociones, lo vamos transmutando en divino, y en la práctica, este hecho nos lleva a cuidar la naturaleza, a cooperar con un buen desenvolvimiento de todo lo natural, a gozar de este proceso cuando tomamos conciencia de él y a sentirnos justificados, ampliamente justificados, como individuos que formamos parte tanto de la creación como de la glorificación. No cabe más que agradecer la fortuna de haber podido tomar conciencia de esta intensión divina que se postra libremente a nuestros pies.

Flor silvestre
escondida entre matorrales,
qué grande fuiste
cuando te mostrarte a mí.

Alegres colores en llanos desérticos,
destacando valles y lomas;
mostrando caminos,
iluminando espíritus.

Desafiante a los medios,
transformas el paisaje agreste
en jardín inmenso
y  a mi alma en lienzo de paz.

Francisco Bascuñán Letelier
Los Maitenes, Febrero 2014

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