El sentido del humor en la educación

Autor: Iván Escalona M. | Fecha: 2014-07-10 | ID: 668 | Categoría: Cosmos | Tema: Ciencias sociales | Tipo: Ensayos y estudios

Decía Hermann Nohí: un niño es una cosa muy seria, pero, ¿quién puede tomárselo en serio solamente? Para este autor, el sentido del humor es uno de los tres rasgos principales que conforman el ser del educador1. No es difícil conjeturar que la comprensión, la alegría, el ingenio y la esperanza son esenciales al educador. En la educación, el sentido del humor se revela en dos dimensiones radicales, tanto de una como del otro. Sentido del humor es también sentido del orden y sentido del fin. Donde no hay educación, hay desorden, y donde hay educación está presente el orden. No se indica aquí la educación de la virtud del orden, cuanto el orden como ambiente educativo: el orden en las acciones, en los objetivos y en los enseres materiales que sirven a ambos. Orden es la relación adecuada de algo con su razón de ser, esto es, con su origen y con su fin. La educación, pues, precisa del orden como del mantillo fecundo que la potencia y hace eficaz. Ahora bien, el orden, entendido en sentido humano, es relación adecuada al fin, y este fin es la felicidad. Y la felicidad se traduce en alegría. Cuando un determinado orden no promueve, a la larga o a la corta, la alegría, no puede hablarse de tal orden, porque no hay relación adecuada al fin. El orden que llega a atosigar y a ensombrecer el espíritu, no es un orden humano. Por eso, aunque genéricamente pueda afirmarse que es bueno que todo esté ordenado, no debe olvidarse que el orden humano debe entenderse -en palabras de J.J. Sanguinetti- como límite del desorden. En educación, el sentido del orden es el de límite del desorden. Y tal es también la percepción propia del sentido del humor: ver el desorden, fruto de la libertad humana, en la entraña del orden, controlado por éste, pero presente como alegre y libre de desorden. También el sentido del humor es sentido del fin, y esto es, así mismo, esencial en educación. El educador precisa, antes que nada, saber cuál es el fin de su acción, porque sólo así sabe utilizar eficazmente los medios de que dispone, y sabe incluso encontrar nuevos medios. Le es esencial al educador tener un sentido profundo del fin para no caer en una trampa mortal que Buchíer llamaba "adoración del método". Educar no es conocer bien los métodosducativos, sino tener sentido del fin y poder, así, convertir los medios en métodos educativos. La metodología educativa puede aconsejar una acción,' pero si la realidad aconseja otra,' el educador prudentemente es atenderá la metodología. Y lo hará con sentido del humor, con alegría; sabiéndose reír de esa metodología que le era tan querida.

Iván Escalona M.
México, 2000

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