Compañeros socialistas, ¿ubi sunt?

Autor: Edmundo Moure Rojas | Fecha: 2007-09-22 | ID: 574 | Categoría: Cosmos | Tema: Interés público | Tipo: Denuncias

(Mundo Libre presenta en esta ocasión un artículo escrito por Edmundo Moure, un buen amigo, comunista y por sobre todo, un caballero.)

GALICIA EN EL MUNDO

SOCIALISTAS, ¿UBI SUNT?

Edmundo Moure
Mayo 2007

A Manuel de Castro y Antonio Estévez

"Los socialistas chilenos luchan contra toda forma de opresión
y hacen de la emancipación y de la igualdad de oportunidades
de las mujeres y hombres de la tierra, sin exclusiones, el núcleo
de su idea de libertad. Rechazan, en consecuencia,
los comportamientos egoístas y excluyentes que la lógica
del sistema capitalista impone as los seres humanos…"

"El Partido Socialista Obrero Español es una organización
política de la clase trabajadora y de los hombres y mujeres
que luchan contra todo tipo de explotación,
aspirando a transformar la sociedad
para convertirla en una sociedad libre, igualitaria,
solidaria y en paz…"

Estos epígrafes, pacientísimo y buen lector, han sido transcritos, textualmente, de la declaración de principios de ambas entidades, hispana y chilena. (Al parecer, tampoco la semántica tiene resultado feliz en el discurso socialista contemporáneo, que lle imos facer!…)

Como chileno e iberoamericano, me atrevo a afirmar que, en nuestro mundo, Salvador Allende (1908-1973) fue el último socialista… Soñó con un país mejor, que pudiese superar los graves problemas estructurales que padecía (padece), incorporando a las grandes mayorías a los beneficios de un nuevo sistema de equidad basado -¡cómo si no!- en la redistribución gradual de la riqueza, antiguo anhelo que constituye el meollo del pensamiento socialista, sea éste "utópico" o "científico". El Presidente Allende luchó, contra tirios y troyanos, por hacer realidad el noble propósito que heredara de sus señeros referentes históricos. No tuvo éxito -ya se sabe- y fue inmolado en el intento, náufrago de apoyos, solitario ante la muerte, desnudo frente al juicio de la Historia…

Su legado está allí, como una pieza más del museo de los mitos, lugar donde reposan tantos vástagos momificados de Utopía. Sus herederos ideológicos hemos traicionado, de manera flagrante, su memoria. Llegamos a creer que con el advenimiento de la democracia -luego de diecisiete años de dictadura (treinta y ocho en la Patria Nai)- "se abrirían las anchas alamedas" para que el pueblo alzara su victoria desde las cenizas…

Nada de eso ocurrió. Los tres gobiernos sucesivos de la Concertación de Partidos por la Democracia, y el cuarto, con Michelle Bachelet en la presidencia, comenzaron por elogiar la "sana política económica del gobierno militar", y se adhirieron con tanta fidelidad a sus presupuestos, que hoy es un lugar común decir que "Ricardo Lagos ha sido el mejor presidente de izquierda que ha sustentado la derecha". Con lo que se grafica la situación de privilegio y vertiginoso enriquecimiento de las grandes corporaciones empresariales, al punto que la redistribución del ingreso en el Chile de hoy es un veinte por ciento más baja que en los años postreros de Pinochet. ¿Cómo podemos explicar tamaña aberración? Todas las volteretas léxicas resultan vacuas e inútiles ante la conducta infiel…

El lenguaje es misterio, confusión y paradoja; las palabras nos enaltecen o nos denigran, según sea nuestro accionar bajo su proclama. El lenguaje suele exceder nuestros propósitos; nos luce grande, como la camisa de un gigante, cuando queremos expresar hondos sentimientos; en la persecución de nuestros anhelos, se queda corto, como las palabras que tentamos encender en los balbuceos febriles del amor… En la esperanza, canta el lenguaje como un alegre ruiseñor de la infancia.

¿Qué podemos exigir, entonces, a los maestros, oficiales y aprendices de la política que hemos defendido y votado? Quizá que el rango entre la propuesta y su concreción no sea un abismo sin fondo; que haya al menos cierto grado de coherencia entre lo formulado y su axiología: la ardua comunión del dicho y el hecho.

Pareciera que en la actualidad las palabras fueron despojadas de su sentido conceptual, por estos maquiavélicos sacerdotes de "lo políticamente correcto", sobre todo en el ejercicio cotidiano de ese raro "arte de gobernar" o más bien "artesanía menesterosa" de acogerse al cinismo de lo posible.

Con el derrumbe del "mundo institucionalizado del socialismo", acaecido a comienzos de la década de los 90', los socialistas quedamos virtualmente acorralados, constreñidos a un accionar político supervigilado por los poderes fácticos que manipula el Imperio del Norte. Restaban algunos islotes que fueron sucumbiendo poco a poco. Hoy en día, Cuba es un lunar patético en la barriga del Tío Bush; Corea del Norte se sostiene con la horrenda precariedad de la amenaza atómica; la enorme y enigmática China repta, con paso firme y confuciana paciencia, hacia los falsos jardines del neoliberalismo…

¿Acaso han desaparecido -compañeros- las condiciones y circunstancias históricas que propiciaron, hace ciento cincuenta años, el socialismo? Nada de eso: más bien se han agudizado a extremos intolerables... ¿Qué ocurre, entonces?

Que los socialistas no supimos adaptar la praxis ideológica a los nuevos desafíos de la revolución tecno-cibernética. La mayoría de nuestros cofrades se acogió a las ventajas económicas que el sistema ofrece y prodiga entre sus adláteres y conversos de la actual clase política, con absoluta prescindencia de supuestas filosofías antagónicas, pues lo que cuenta es el acatamiento del pragmatismo ramplón, en pro del éxito encadenado a los negocios imperialistas.

Así, las políticas de asistencia social, de inversiones económicas, de inmigración, de cultura -¡ay!-, quedan sujetas al patrón del Fondo Monetario Internacional, ente supremo de la burocracia globalizada… Cierto es que en América del Sur se han alzado ahora voces disonantes (Venezuela, Bolivia, Ecuador) que pudieran encarnar un atisbo de esperanza. Pero creemos que se trata de populismos sin raíz ideológica sustentable ni voluntad organizada de cambio estructural. Para peor, las bravatas caudillistas sirven de pretexto y coartada a los poderosos para estrechar aún más el cepo…

Desde el desaliento y el escepticismo, preguntamos: Compañeros socialistas, ¿ubi sunt?

Edmundo Moure R.
Mayo 2007

Enviar

Ir al inicio