¿Solidaridad o complicidad?

Autor: Francisco Bascuñán Walker | Fecha: 2008-06-30 | ID: 571 | Categoría: Alma | Tema: Valores | Tipo: Ideas, propuestas y proyectos

Seamos blandos con la persona y
duros con el problema
.

Cuando éramos niños y en alguna ocasión se nos ocurrió acusar a un compañero en el colegio, nuestro profesor nos dejo muy claro que no debíamos ser acusetes. Ser acusete es feo, lo grabamos en nuestro disco duro a los 5 años.

Entonces algún día sucede algo, un par de compañeros se roba el libro de clases….ninguno dijo nada, ya habíamos aprendido hace rato a no ser acusetes…. Ser acusete es feo, pero en ésta oportunidad no decir nada es ser cómplice de lo sucedido. Nos reímos para nuestros adentros, suspenden a todo el curso y nadie dice nada… y nadie dirá nada, el libro de clases simplemente se pierde.

Nos vamos enredando poco a poco entre la solidaridad a nuestros amigos y la complicidad de sus actos, los más atrevidos hacen las típicas maldades de niños y los menos atrevidos ríen y guardan silencio.

Y si algún día se nos preguntó si vimos algo, nosotros respondimos con valentía que no y guardamos silencio, estoicamente sin decir nada.

Y crece en nuestro interior la "solidaridad" a nuestros amigos, a nuestro equipo de fútbol, a nuestros ídolos….ganen o pierdan, lo hagan bien o mal, tienen nuestro apoyo incondicional.

Y la complicidad se transforma en un comportamiento socio-cultural…. La garra blanca u otra similar, los partidarios políticos, los ministros, los jueces y hasta los Presidentes…todos solidarizamos con personas que cometen delitos, nos perjudiquen o no, los apoyamos igual….somos cómplices.

Entonces la pregunta es ¿cuando separamos aguas?… ¿cuando somos capaces de frenar al amigo-partidario-compañero y denunciar sus delitos? ¿Que situación se requiere para que seamos capaces de ser acusetes de alguien que trabaja o convive con nosotros?

Pareciera ser que en la medida que crecemos nuestro circulo de protección-servicio crece, ya no solo nos sentimos responsables por nuestra familia y nuestros amigos, sino también por nuestros compañeros de trabajo, por nuestros conocidos, por nuestros compatriotas. Poco a poco tomamos conciencia de nuestro rol de protectores y servidores de nuestro círculo. A él nos debemos.

Cuando solidarizamos con un amigo-partidario-compañero que comete un delito lo que hacemos es exponer el tamaño de nuestro circulo y a quien nos debemos. Si lo encubrimos, nos debemos a un circulo tan pequeño que sólo abarca a nuestra persona y a nuestro amigo; sin embargo, sería deseable tener conciencia de que nuestro circulo mayor, Chile, no sólo es nuestra tierra, sino que también representa nuestros seres queridos, nuestra familia, nuestros valores, el sacrificio de muchos que antes de nosotros dejaron su vida para los que venían después.

Quinientos años de valiente esfuerzo y perseverancia, contra viento y marea, para tener un país libre y un lugar donde crecer en paz merece, al menos, pensar si en verdad Chile es parte de nuestras responsabilidades y cuidado.

Francisco Bascuñán Walker
Junio 2008

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