El valor de las cosas

Autor: Francisco Bascuñán Walker | Fecha: 2010-12-31 | ID: 445 | Categoría: Espíritu | Tema: Reflexiones | Tipo: Relatos y comentarios

De lo restringido a lo posible y finalmente a lo obligatorio

Ayer fui al Spa del Enjoy, es un lugar muy agradable, con piscinas temperadas, tinas calientes y frías, saunas secos y húmedos, lugares para relajarse con camillas de madera muy cómodas, jugos y música ambiental.

Su costo, siendo bastante acorde al servicio que proporcionan es elevado, es un servicio de lujo y muy bien mantenido. La primera vez que fui me pareció un poco sibarítico, tal vez algo vergonzoso, luego me hice socio y fui casi todos los días, la verdad me acostumbré hasta encontrarlo bastante normal. Me pregunto que pasaría si fuera gratuito y luego obligatorio, me refiero a que si por algún motivo se me exigiera ir todos los días en forma obligatoria…. Seguramente no lo valoraría como lo hago ahora que tengo que pagarlo y no es barato.

Algo así me paso el domingo pasado. Asistí a una ceremonia religiosa realmente maravillosa, una misa en la catedral de La Serena con un coro deslumbrante. Todo irradiaba calidad.

Catedral de La Serena

Catedral de La Serena
La catedral de piedra es imponente, alta, fresca, con una luz que entraba en pequeños rayos que alumbraban esculturas, frisos y cuadros que son verdaderas reliquias culturales. Un coro de voces acompañado de un órgano que hacía vibrar las paredes y también a nosotros mismos.

Lo más conmovedor fue el ritual, lleno de fórmulas y oraciones casi mágicas. Una ceremonia suave, lenta que nos hacia elevarnos internamente a lugares habitados por seres celestiales, casi se podía sentir la luz del Altísimo en nuestros espíritus. Las palabras del sacerdote fueron precisas, no muchas para no interrumpir lo elevado de las oraciones y los cánticos, para no hacernos descender tan pronto a nuestro mundo profano.

Al terminar pensé en lo admirable y valioso de lo vivido. Sin embrago me costó años verlo así, porque el valor de lo gratuito no se ve y cuando lo gratuito es obligatorio se cierra el espíritu y los ojos.

Si el templo se abriera sólo a los deseosos de participar, a los buscadores de Cristo, que golpeen con fe sus puertas durante el tiempo suficiente para demostrar su perseverancia, seguramente tendríamos misas llenas y tal vez una iglesia mucho más devota. Preservar lo valioso creo que tiene que ver con valorar lo que se ofrece y no permitir que sea manoseado ni moldeado por aquellos que son invitados.

De las catacumbas y monasterios donde el ingreso era restringido, a la tolerancia de admitir a cualquiera, finalmente a lo obligatorio. Todos los días escucho a opinólogos decir lo que "debería" hacer la iglesia en uno u otro aspecto, como si fuera un instrumento personal de ellos, como si la iglesia debiera ser la resultante de una suma de opiniones y aceptarlas democrática y tolerantemente.

Ojala mi Spa no termine siendo tolerante ni democrático, porque de seguro terminaría siendo un camarín de fútbol en vez de ser lo que valiosamente es aun.

Francisco Bascuñán Walker
Diciembre 2010

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