Doble poder

Autor: Francisco Bascuñán Walker | Fecha: 2012-06-30 | ID: 306 | Categoría: Espíritu | Tema: Reflexiones | Tipo: Pensamientos

Con arcilla se moldea un recipiente,
pero se lo utiliza por su vacío.
Se hacen puertas y ventanas en la casa
y es el vacío el que permite habitarla.
Por eso, del ser provienen las cosas
y del no-ser su utilidad.

—Lao Tse

El primer poder es el que tratamos de alcanzar con ahínco desde nuestra más tierna infancia, nuestra educación y formación más extensa están enfocadas al logro de este primer poder.

Colegios, universidades, competencias de todo orden se enfocan en el logro del primer poder, necesario para adquirir nuestro bienestar físico. El primer poder es un poder enfocado en nosotros mismos. Con el primer poder nos levantamos seguros y orgullosos por nosotros mismos y nos llenamos de cosas, emociones, ideas y doctrinas necesarias o innecesarias.

Sin embargo este primer poder no cumple mas que un nivel básico y fundamental por cierto. Es el poder del logro en si mismo… Sin embargo este nivel básico nos permite alzarnos y observar otro poder más grandioso aun, un poder que se eleva por sobre el horizonte de nuestras vidas, lo denominamos “el segundo poder” o el poder doble.

El poder doble nos habla de la renuncia, justeza o prudencia de nuestro poder base. Su aplicación proviene de una comprensión más profunda de las operaciones y en las cuales ya se ha descartado el ego personalista y el afán de renombre. Este segundo poder actúa desde nosotros y hacia los demás con absoluta tranquilidad y aceptación. Es un poder de generosidad y sabiduría.

Como ejemplos:

Renunciar a ese automóvil nuevo y deseado, ajustándonos al que ya tenemos otro tiempo mas, representa un gobierno de nosotros mismos, un gobierno del primer poder. Puedo comprarme otro auto, pero, luego de establecer esto, puedo (y elijo) no hacerlo.

Puedo ejercer mi derecho a protestar o reclamar dentro de mi familia o dentro de mi sociedad, pero elijo no hacerlo.

Puedo ejercer mi derecho a sentarme en el autobús, pero elijo dejarle el asiento a otra persona.

Puedo ejercer mi derecho a estar enojado por algo o por alguien, pero puedo ir mas allá y no hacerlo… y perdonar.

Abandonar aquellos sentimientos, ideas o rencores que justificadamente nos “pertenecen”, abandonar la necesidad de mostrarlo todo, de decirlo todo, de hacerlo todo… puede ser un paso importante en el desarrollo de este segundo poder, el poder doble, que al final nos llena de tranquilidad y nos conecta con el mundo de una manera más noble y feliz.

Enviar

Ir al inicio