De la felicidad, el dinero y otras cosas más

Autor: Francisco Bascuñán Walker | Fecha: 2012-08-31 | ID: 276 | Categoría: Espíritu | Tema: Reflexiones | Tipo: Pensamientos

Al considerar la felicidad como un indicador y no como un objetivo, volcamos nuestra atención desde nosotros hacia los demás.

Humberto Bianchi, mi gran amigo y compañero de universidad siempre decía que él sería feliz el último segundo de su vida, cuando todo concluyera para él, yo por el contrario pensaba que la felicidad debía ser una compañera de lo cotidiano.

En estos 25 años el objetivo de toda una  generación se ha volcado a SER FELIZ, y para ser feliz… ganar dinero.
Hoy en día, más que antes, los jóvenes piensan sólo en el dinero que ganarán en una u otra carrera. Saben que no todo es romanticismo y que necesitan cubrir sus necesidades para enfocarse en cosas superiores. Ellos creen en verdad que sin dinero no hay felicidad. Y no dejan de tener razón.

Daniel Kahneman, psicólogo y premio Nobel de Economía, y el economista Angus Deaton de la Universidad de Princeton, realizaron un estudio sobre más de 450.000 cuestionarios respondidos por ciudadanos estadounidenses en los años 2008-2009 y concluyeron una especie de 'border line', que define la cifra mínima para dejar de evaluar el dinero como factor de felicidad.  Este límite se sitúa en los 75.000 dólares anuales (unos 37 millones de pesos chilenos), hasta esta cifra la felicidad es proporcional al ingreso, sobre ella, ya se mantiene con una cierta independencia.

Yo siempre pensé que la felicidad (y el dinero) se podían realizar más fácilmente en un trabajo que me gustara. Estudie arquitectura y en realidad comprobé que al diseñar me realizaba de algún modo. Siempre he tratado de transmitir a mis estudiantes que somos privilegiados porque nos pagan para realizar algo que nos apasiona.

No fue hasta el año pasado, que felicitando a un estudiante recién recibido y comentándole la suerte de ser felices con nuestro trabajo… que su padre, un señor alto de barba blanca y voz profunda, tomo la palabra, y le dijo:

“Oscar, que no te confundan, lo importante no es ser feliz, sino ser bueno”.

Me quedó dando vueltas esa frase, con los días comencé a entender que la felicidad no era para mí un objetivo sino un indicador, como las luces del tablero del auto que se encienden cuando algo sucede.

Si me esmero en ser BUENO, seguramente la consecuencia de eso será mi felicidad, por el contrario si busco MI felicidad seguramente se esconderá en acciones personalistas y egoístas.

Creo que si la felicidad no es un objetivo, sí lo es la felicidad de los que quiero, y esto traslada el foco de mi acción desde MI hacia los demás.

Después de todo, puede que mi amigo no haya estado tan equivocado y al final pueda entender que la felicidad fue un poco el resultado y no el objetivo.

De cualquier modo, siento que la búsqueda de la  felicidad estaba muy sobrevalorada en la lista de mis anhelos.

Francisco Bascuñán Walker
Los Maitenes, Agosto 2012

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