Periodismo liceano 1951

Autor: Gastón Fernández Montero | Fecha: 2013-02-28 | ID: 205 | Categoría: Cosmos | Tema: Ciencia de lo abstracto | Tipo: Testimonios


Semanario Joco-Serio “MATEO” y Revista Minerva
Liceo Coeducacional de Illapel, Chile

La educación, fue desde su fundación una de las aspiraciones y preocupaciones principales de los habitantes y autoridades de la ilustre Villa de San Rafael de Rosas y de la “ciudad de los naranjos”, o simplemente, Illapel, que le sucedió con el título de ciudad, a partir del decreto supremo de 13 de marzo de 1867, que le asignó tal nombre.

Ya algunos pasajes del Libro Becerro de su Cabildo, dan testimonio de la creación de la primera escuela  y de la designación de su preceptor y director don Lorenzo Undurraga el 10 de septiembre de 1827; ello fue posible gracias al legado testamentario de doña Matilde Salamanca, viuda de don Gaspar Ahumada Mendoza, dueño de la casi totalidad de los terrenos agrícolas comprendidos en los valles de Choapa e Illapel, quien junto con dejar de heredera a su propia alma, por no tener herederos ascendientes ni descendientes legítimos, hizo un legado de $10.000 en favor de las escuelas de la Villa San Rafael, que ya, a la fecha de su fallecimiento, tenía treinta años de existencia.

Poco a poco la educación primaria se fue extendiendo a las distintas comarcas rurales del Departamento, sobre todo a partir de la promulgación de la ley de instrucción primaria obligatoria el 20 de agosto de 1920.

La enseñanza de las humanidades sólo llegó a la ciudad con  la fundación del primer Liceo Mixto fiscal, lo que se produjo el 24 de febrero de 1905, siendo su primer rector y fundador el eminente educacionista don Fidel Pinochet Le-Brun.

La influencia benéfica de este establecimiento educacional, sobre todo en lo cultural, no se dejó esperar y su funcionamiento vino a satisfacer una sentida necesidad de toda la región. Varios alumnos egresados continuaron carreras universitarias.

Este primer Liceo estuvo en funcionamiento hasta 1927, en que fue suprimido durante la primera administración del Presidente Carlos Ibáñez del Campo, aduciendo dudosas razones económicas de ahorro de recursos.

En abril de 1934, las religiosas de la Compañía Santa Teresa de Jesús abrieron en la ciudad el Liceo de Niñas Santa Teresa, el que fue autorizado para su funcionamiento por decreto de fecha 28 de julio de 1934. Sin duda, este establecimiento educacional significó un notable avance en cuanto a la enseñanza humanística de las mujeres.

En relación a los varones, desde la supresión del Liceo Mixto Fiscal, el Estado continuaba en deuda en esta materia pues no existía en todo el Departamento un Liceo o Colegio de Hombres que enseñara humanidades y los alumnos que tenían aspiraciones universitarias se veían en la obligación de emigrar.

Afortunadamente esta mala racha educacional, que duró 22 años, por fin  terminó el 24 de marzo de 1949, en que se creó el Liceo Co-Educacional, que inició sus funciones, con tres cursos mixtos,  el 2 de mayo del referido año, bajo la dirección de su Rector don Ramón Quintana Carrasco.

A partir de esa fecha se inicia una nueva etapa en la historia educacional de la ciudad.

El contingente de 121 alumnos que integraron sus primeros cursos, recuerdan aún  las precarias condiciones materiales en que comenzó sus actividades el nuevo establecimiento educacional, donde algunas clases se impartían en el Salón Municipal, al que cada alumno debía llevar de su casa su propia silla y la Plaza de Armas era el lugar para los recreos. En años posteriores, el Liceo compartió algunas dependencias del edificio donde funcionaba el Cuerpo de Bomberos en calle Buín.

Las dificultades materiales no fueron óbice para que el conglomerado humano formado por  alumnos y profesores, con mística y entusiasmo, hiciera pronto sentir su efecto benéfico en la comunidad. Así, en el campo deportivo, se iniciaron las competencias de basquetbol con la Escuela Industrial  en los clásicos a la usanza universitaria santiaguina de la época, con barras y números vivos. En las fiestas primaverales, se promovió  en una ocasión  y con gran entusiasmo, la candidatura a Reina de una profesora (Inés Barrantes), en contraposición a otra candidata apoyada por el comercio local que, en definitiva,  se impuso, haciendo prevalecer  el peso del dinero por sobre el entusiasmo estudiantil.

Poco a poco la influencia del nuevo Liceo se fue extendiendo a todo el Departamento, al acoger, en sus aún precarias aulas,  alumnos de las diferentes Comunas aledañas.

Fue así como el año 1951, en medio de las múltiples actividades liceanas, se gestó y materializó una nueva forma de expresión periodística a través de creación y edición por parte de un grupo de alumnos del Tercer Año A, de un Periódico Joco-Serio denominado “MATEO”, órgano oficial de ese curso.

La tarea de dar forma a la nueva publicación no fue nada de sencilla, pues ella implicó, al margen de los aspectos financieros, el reacondicionamiento previo de la prensa e instalaciones que constituían los Talleres Gráficos “La Opinión del Norte”, que el Club “Fernández Concha”, dependiente del Partido Conservador, tenía abandonada en su local de avenida Ignacio Silva. El ingeniero don José Fernández Merino, director de dicha institución, consiguió que la imprenta se pusiera a disposición de los estudiantes, en forma gratuita.

 El aspecto del local donde se guardaban la prensa y demás elementos tipográficos, era desolador, ya que hacia largo tiempo que se había dejado de publicar el periódico “La Opinión del Norte”  y el taller se hallaba totalmente desordenado y en total abandono. Sólo la experiencia profesional y la dedicación del eficiente tipógrafo Sr. Vinet, pudo poner en funciones nuevamente la prensa.

La simpatía y el entusiasmo de Hugo Helo Rojas y la colaboración decidida de José Díaz Segura y de Gastón Fernández Montero, tres alumnos quinceañeros del Tercer Año A, hicieron posible la publicación, distribución y el financiamiento del periódico semanal. 

La dirección del Liceo y su cuerpo de profesores, especialmente don Alfonso Zelada Salas, apoyaron esta iniciativa y la estimularon dando las facilidades a los redactores y al director, cargo que asumió H. Helo.

Para pagar al tipógrafo, comprar el papel, la tinta y los demás elementos, se debió recurrir a la suscripción de avisos en el comercio local y a la venta directa del periódico en los distintos barrios y calles de la ciudad en el módico precio de dos pesos cada ejemplar, labor que asumían personalmente y con entusiasmo,  los noveles periodistas- estudiantes.

Revisando hoy el amarillento ejemplar del N° 4 del semanario publicado el viernes 18 de mayo de 1951, podemos observar el material periodístico que  contenía. En la portada, se destaca un artículo titulado: “Tendremos local propio”, donde se da cuenta de la visita a terreno de un arquitecto del Ministerio de Educación en busca de un terreno adecuado para la construcción de un edificio para el Liceo. Termina el articulo diciendo: “Ojalá este sea el comienzo de un interés mayor por dotar al Liceo de un buen local para su funcionamiento, que tenga las salas necesarias, los patios que se precisan, las dependencias y los anexos  indispensables como ser canchas de deportes, gimnasia, sala de actos, y especialmente, un Internado”.

Otra noticia que ocupa la primera plana es el anuncio de la Velada Aniversario que se llevaría a efecto ese día en el salón de actos de la Escuela N°1. El programa de la velada, que consta de dos partes detalla su desarrollo: se inicia con la canción nacional, prólogo de las fiestas de aniversario, himno del Liceo, palabras del Rector, Sr. Ramón Quintana, presentación de la Reina Estudiantil María Eugenia I, elogios a la Reina, pieza por la Orquesta de Profesores, y una enumeración detallada de los números artísticos de la segunda parte.

Entre las noticias nacionales que figuran en la primera página cabe destacar la siguiente: “Emigrantes Italianos llegan mañana”. En el “Américo Vespucio” arribarán mañana a Coquimbo, los emigrantes italianos que vienen a trabajar las vegas de La Serena donde se les espera con gran regocijo. Asistirán a la recepción S.E el Presidente de la República, señor González Videla acompañados de los Ministros de Tierras y Colonización y de Agricultura. S. E en su discurso dará la bienvenida a estos emigrantes.”. Termina el artículo diciendo: “Desear sería que así como se les dá tierra a tantos extranjeros, también se debiera tomar en cuenta a los agricultores chilenos que ansian tener su propio terruño.”

El editorial, se refiere al agradecimiento a la comunidad por la acogida dispensada al periódico. Termina diciendo: “MATEO, saluda, esta vez a vosotros, señores del público y agradece la cooperación que habéis realizado con él, cooperación que trasciende al Liceo y se hace el propósito de continuar mejorando su material de lectura hasta convertirse en un diario que pueda ser exhibido con orgullo, no tan sólo, dentro, sino también fuera del departamento”. Como puede apreciarse, el entusiasmo estudiantil no tenía límites y de semanario, la meta propuesta era transformarse en diario, no ya órgano oficial del Tercer Año  A, sino en un medio de comunicación de mayor trascendencia y alcance.

En esta rápida revisión del amarillento y ya frágil ejemplar que tenemos a la vista,  podemos apreciar la propaganda de tres fieles avisadores: la Sastrería Chahúan, de calle Constitución 421, la Fuente de Soda “Goyescas” y la Sastrería Sibulka, de Esmeralda 161, cuyo lema era “Bien vestido, bien recibido”.

El variado material periodístico de su contenido no se limita a informaciones locales y  nacionales, sino comprende además, artículos relativos a la historia y geografía no sólo del país sino también de lejanas latitudes como Egipto, a través del relato de algunos pasajes del Libro de George Duhamel, “Notre Monde”, cuya transcripción se inicia diciendo: “Nombrar territorios es viajar y viajar es conocer. MATEO los invita en una serie de artículos que esperamos les sean amenos, a viajar, a abandonarnos a la fantasía y a conocer.” A continuación, inicia el relato del “Nacimiento del loco Nilo”. Transportar a los lectores a lejanos parajes en una época en que un viaje en tren o en automóvil entre  Illapel y Santiago era toda una odisea, nos parece hoy una encantadora y pionera tarea cultural.

Lo deportivo, también se refleja en sus  páginas, cuando informa sobre: “Cinco pruebas automovilísticas este año” y agrega: “Después de activas diligencias de las autoridades del Automóvil Club de Chile y de la Asociación de Volantes de Chile, deberá quedar tramitado el decreto gubernativo que deroga la prohibición de realizar carreras automovilísticas a través del territorio nacional, limitando en cambio, a un número reducido de estas pruebas mecánicas. Esta limitación durará mientras subsista la crisis para la importación de repuestos y accesorios para vehículos motorizados.”

Las cuatro páginas de formato cuarto Mercurio esta repletas de curiosidades, adivinanzas, concursos y artículos sobre diferentes materias de interés.

Para obtener noticias, uno de los redactores debía escuchar las radioemisoras de Santiago, las que durante el día, se oían con dificultad, mejorando en la noche.

El éxito y acogida que tuvo “MATEO” despertó en el alumnado del Liceo y entre sus profesores el interés por contar con una Revista que fuera el órgano de difusión cultural del Liceo Coeducacional. Fue así como en el mes de septiembre de 1951, cobró forma la Revista “MINERVA”, cuya dirección asumió el alumno José Diaz Segura, (más conocido como Pepe Díaz), con la Asesoría Técnica del profesor Alfonso Zelada Salas

Para el diseño de su portada se abrió un concurso que fue ganado por el alumno Gastón Fernández Montero, cuyo cliché, elaborado en linóleum por las expertas manos del tallador Sr. Barrantes (hermano de doña Inés), lleva la figura de la diosa griega de la sabiduría.

La elaboración de esta publicación  de treinta páginas, de formato de 27 x 19 cm comprometió la participación, no solo del alumnado, sino también de la mayoría de los profesores, incluido el propio Rector Sr Quintana, quien colaboró con interesantes  artículos.

Revisando el ejemplar N° 3 de la Revista, publicado el 8 de septiembre de 1951, vemos que su página editorial, “MINERVA” la destina a honrar los aniversarios de la independencia de Venezuela, Colombia, Perú y Estados Unidos, destacando algunos aspectos relevantes del desarrollo cultural de esos pueblos. También saludo a Francia, “que en este mismo mes enseñó al hombre a adoptar otra actitud frente al hombre.”

De sus páginas llenas de humanismo y cultura destacamos algunos titulares: “Al Borde del Magdalena” por Ramón Quintana Carrasco, sobre el famoso rio colombiano; Algunos aspectos de la literatura peruana: “Ciro Alegría”, por Luis Durand; “Luis XIV” por Louis Bertrand; “La Célula y la división celular”, no indica autor; “La Odisea de un Novelista” por Ricardo A. Latcham, extraído de la revista “Atenea”; “El Problema de la Relatividad”, por Ramón Salas Edwards; “Origen de la palabra Mausoleo” y “Las Siete Maravillas”, sin indicar autor.

El sustento económico de la Revista, amén de la venta de sus ejemplares, se encuentra en el avisaje en el que colaboran: Zapatería “La Preferida” de Selim Dabed; Paquetería “La Mascota” de Luis Azocar R.; Almacén Abogasi; TABU, exquisitos Helados; Librería “Selecta” de Constitución N° 427, y “Confecciones Elba” de Adriana Galleguillos.

 Los impulsores de estas iniciativas periodísticas, eran quinceañeros estudiantes del nuevo plantel educacional que revolucionó la plácida tranquilidad illapelina, despertándola de su letargo y preparándola para recibir con entusiasmo, años después, los doscientos años de la fundación de la ciudad, próximos a cumplirse en esa época.

La creación de nuevos cursos en el Liceo fue lenta y varios alumnos que tenían aspiraciones principalmente universitarias, debieron emigrar, en su mayoría a la capital, abandonando el querido Liceo que habían fundado, que generosamente los había a acogido e impulsado a instancias superiores dejando tras sí un legado de actividades y de iniciativas señeras.

La apretada descripción retrospectiva de esta etapa, para muchos olvidada y para otros inolvidable,  en que terminó  un periodo de oscurantismo y se inició otro luminoso y fructífero, da paso a una profunda reflexión sobre la importancia que tiene la educación para  una comunidad. La desaparición inexplicable del primer Liceo Fiscal Mixto y la creación, veintidós años después, del Liceo Coeducacional, constituye un ejemplo nítido del efecto cultural que trae aparejada existencia de un establecimiento que de por sí constituye un faro que ilumina todo un ámbito regional.

La experiencia periodística relatada no sólo benefició a sus protagonista, sino que abrió nuevos causes de expresión cultural y artística a toda una generación y a una comunidad. Además, el reacondicionamiento hecho por iniciativa de los alumnos y noveles periodistas de los Talleres de “La Opinión del Norte”, permitió posteriormente que el periódico de igual nombre se publicará nuevamente.

Son muchas las conclusiones y enseñanzas que pueden sacarse de esta aventura juvenil y estudiantil  que hemos relatado brevemente, pero indudablemente la que con mayor fuerza se nos representa,  es la importancia que lo educacional tuvo, tiene y tendrá en el desarrollo y en el progreso de los pueblos, hecho que por lo demás, está marcando con fuerza el presente.

Gastón Fernández Montero es abogado chileno con especialidad en minería, consejero del Consejo de Monumentos Nacionales y académico de la Universidad de Chile y Universidad Santo Tomás.

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