El día de la muerte de mi tata

Autor: Trinidades Bascuñán Oviedo | Fecha: 2013-03-31 | ID: 197 | Categoría: Espíritu | Tema: Reflexiones | Tipo: Testimonios

La vida de un pez extraño
Palabras a la despedida de Ricardo Bascuñán Letelier, fallecido el 26 de Marzo del 2013

No sé muy bien por qué, al volver a la casa después de ese largo y extraño día en que murió el tata Ricardo, fui hasta el librero y agarré un libro que nunca he leído y que es parte de una pequeña colección que me regaló el tata en La Herradura. Eran libros que él ya no leía y recuerdo que me hizo escoger todos los que quisiera. Había varios que yo conocía, y otros que no, y que hasta hoy nunca hojeé siquiera. Este, de tapa de cuero, tenía su nombre escrito de puño y letra: "Ricardo Bascuñán L." y una cinta marcando la página final de un cuento. Lo leí. Era una historia de amor y aventuras. No un graaaan texto, pero el final me quedó dando vueltas porque pensé en el tata y la Mam. Lo transcribo sólo por el ejercicio de releer las palabras que algún día él leyó y porque de alguna forma la historia del tata y la Mam es una historia que superó cualquier historia que él mismo haya leído.
El fragmento dice así:

—¿Y ahora qué? —dijo él— ¿dónde deseas que te lleve? ¿Te has dado cuenta de que vamos de espaldas a tu pueblo?
—Sí, lo sé —dijo ella—.
— Si vienes conmigo llevarás una vida dura y salvaje algunas veces, Mary, sin residencia fija en ningún lugar y con poco descanso y comodidades. Los hombres son mala compañía cuando están de mal humor, y Dios sabe que yo soy el peor de ellos. Sales perjudicada en el cambio, y tienes escasas esperanzas de lograr la paz que ansías.
—Correré el riesgo y probaré fortuna con tu carácter, Jem.
—¿Me quieres, Mary?
—Creo que sí, Jem.
—¿Más que a tu pueblo?
—No puedo responderte a eso.
—Entonces, ¿por qué estás sentada junto a mí aquí?
—Porque quiero, porque es mi deber, porque ahora y siempre es aquí donde me corresponde estar —contestó ella—.
Él rompió a reír entonces, le cogió las manos y le dio las riendas, y ella no volvió a mirar atrás de nuevo, sino que miró hacia delante.

Si yo pudiera poner en palabras al tata, lo es imposible y una tarea inútil, diría que la realidad superó a la ficción. De hecho no hay ficción que alcance a la realidad porque al hacerlo se vuelve inverosímil. Ya lo dijo un famosos escritor: la diferencia entre la realidad y la ficción es que la ficción tiene sentido y la realidad, no. La historia del tata a lo largo de su vida es una historia que de inmediato se transforma en una anécdota que supera a la otra. Todos los que estamos aquí tenemos por lo menos un par de anécdotas asombrosas con él.

Son nuestros tesoros.

Hablar de alguien que esquivaba la idea de hablar de sí mismo es como abalanzarse sobre él y arrebatarle algo valioso, muy valioso. Si para uno el tesoro era esa anécdota con él, quizás para él su tesoros era guardar sus historias. No con ánimo de mezquindad, sino como una simple parte de su humildad, de no tomarse tan seriamente a sí mismo.

Si pienso en una sensación que se relacione con él, creo que es el 'asombro' lo primero que se me ocurre y es algo que no se puede reemplazar fácilmente con otra emoción. Cierro los ojos y recuerdo. Todos tenemos nuestros recuerdos, yo tengo los míos. Cuando me enseñó a manejar en automático y me enganché en una reja con el parachoques. Pensé que iba a matarme porque me eché hacia atrás y parachoques seguía atrapado en la reja y se iba alejando del auto. El tata, para mi asombro, se echó a reír tanto que yo no podía frenar de la sorpresa y nos íbamos marcha atrás por una bajada de tierra. Se bajó casi andando y le pegó una patada al parachoques para volverlo a su lugar y así seguir camino. Esas cosas confirmaban lo especial que es el tata. Esas cosas te hacían saber que estabas viviendo en ese mismo instante algo para contar, algo muy muy divertido que ibas a recordar siempre.

Creo que esa sensación inunda a todos desde ayer. Una mezcla entre que no sabes cómo agarrar la noticia y no quieres dejar de agarrarlo a él. Y son las historias las que nos salvan. Son las palabras las que son capaces mantenerlo presente en cada uno y permitir que los que sus descendientes que no lo conocieron aún, tengan un bisabuelo que pueden construir a partir de todas las historias que se tejen a su alrededor.

Lo que nos deja ahora como tarea es puro gozo. Pues nos la pasaremos compartiendo las anécdotas que cada uno tiene, cosas que solo uno sabe y que nunca fueron tema. Porque él, aun teniendo la mejor historia, no se situaba como centro de atención.

Es peculiar que una persona a la que le pasan tantas cosas inverosímiles, realmente curiosas, no se pelee el lugar de quien lleva la conversación a su terreno y seduce al público con sus cuentos. El tata no, el tata es una caja muy larga y honda llena de hilos y redes de recuerdos que nos van envolviendo. Son tan vívidos que hasta sus nietos podemos tener almacenados recuerdos de su juventud como si hubiéramos ido sentados a su lado mientras le ocurrían las cosas.

Me imagino que responde a la admiración que despierta en los que lo rodeamos. Que se salvó del choque con un camión, que atropelló una cabra en la carretera y el que lo fue a buscar quería llevarse la cabra, que se pegó el diente al revés con la gotita porque tenía que ir a una comida, que dejaron entrar a la casa al ladrón y se sentó en el living, que se subió al techo con una bata y una paila de cobre y se puso a golpearla para callar a los vecinos…..

Cómo ese hombre taaaaan alto no sería una maravilla para un niño. Era genial para nuestros padres y era un misterio para nosotros sus nietos.

Tanta fuerza, tanto valor, tanta porfía, tanta consecuencia, tanta vida con tu Carmen, tanto amor despertando a tu alrededor.

Eres como nuestro pez original. Ese pez del que hablamos en Serena el año pasado. El pez que da origen, el pez que origina un hilo infinito de seres que tienen algo de pez, pero que siguen su propio camino como especies diferentes. Eres ese ser que nos sigue y nos hace reír y nos hace hinchar el corazón porque esa huella tuya no se borra ni aunque se quiera. Eres imborrable, eres entrañable, eres gigante.

Buen viaje, tata.

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